16 de junio de 2024

Carúpano/Opinión ||Aquel día Elenita llegó a la casa donde trabajaba muy alterada contando lo que había vivido la mañana del lunes 27, repetía mientras caminaba de un lado al otro, con el rostro todavía pálido y movimientos nerviosos, la sala del apartamento «aquí va a pasar algo muy grande, algo muy feo». Elenita relataba los sucesos de la ciudad de Guarenas aquella mañana en la que fue a tomar el autobús para dirigirse a su trabajo en Caracas, como muchos miles de trabajadores que habitaban en la ciudad dormitorio. Ese día todo era confusión y desorden mezclado con abuso y alteración, contaba que los choferes de los autobuses querían cobrar un pasaje muy caro y que los usuarios se negaban a pagar lo que los choferes pedían, en eso se produjeron muchas peleas entre usuarios, desesperados por salir a sus trabajos en la capital, choferes y colectores, tanto que los choferes abandonaron las unidades y los usuarios llenos de rabia e impotencia le prendieron candela a varios autobuses «yo como pude me subí a un camión para venirme».

Ese día salí por Caracas estuve reunido con varios compañeros en la fracción de concejales del MAS de Caracas y posteriormente me reuní con dirigentes parroquiales del MAS de la parroquia San Juan en todo este recorrido no noté ninguna inquietud entre los compañeros ni siquiera un asomo de que entre los compañeros ni siquiera un asomo de que alguna conspiración estaba en marcha o que estaba a punto de estallar una rebelión popular de grandes magnitudes, como la que se dio en días posteriores por lo que puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que fue una reacción espontánea del pueblo ante el atropello de que era víctima, después de tanta borrachera y degeneración en las altas capas del poder. En el transcurso del día el panorama fue cambiando, después del mediodía salieron a la calle hombres de civil con armamento de guerra por los lados de Quintacrespo, el silencio, la avenida Lecuna, los alrededores del Nuevo Circo y hacia Catia la avenida Sucre y sus barrios aledaños, el 23 de Enero fue rodeado por tanques de guerra, en los días sucesivos serian bombardeados varios edificios, los hombres armados corrían de un lado a otro y ocupaban las entradas de los edificios, se oían detonaciones, estos disparaban hacia los pisos superiores; habíamos ido a buscar a unos camaradas a la sede del PCV en cantaclaro de allí salimos lo más rápido que pudimos. Al día siguiente en la mañana me traslade a las torres del silencio y quede sorprendido al ver, por las avenidas que conducen a ese conjunto de edificios, contenedores de basura ardiendo, algunas barricadas, pedazos de chatarra lanzados a la vía y tanques de guerra rodeando las torres, todo un escenario de guerra, el día 28 se leyó en el Parlamento el fatídico decreto que suspendía las garantías constitucionales y se declaraba el estado de sitio, a partir de ese momento la vida en los barrios de Caracas no valía nada, a Caracas llegaron varios batallones de soldados para «combatir a un poderoso enemigo fruto de una conspiración internacional que contaba con apoyo de agentes de Fidel Castro», estos soldados desconocían Caracas y venían dispuestos a disparar contra todo lo que se movía, esa era la orden impartida por parte del gobierno y la cúpula militar encabezados por Carlos Andrés Pérez e Italo del Valle Aliegro, ministro de la defensa de la época, sobre sus conciencias pesaran eternamente 3.000 muertes de gente inocente, gente humilde habitantes de los barrios que siempre pensaron que vivían en democracia, que el derecho a la vida era respetado. Todo fue cubierto por un manto de impunidad, después de tantos esfuerzos de los familiares de las víctimas la corte interamericana de justicia se pronunció 20 años después aceptando que se había producido una masacre.

Todo comenzó aquel 2 de febrero de 1989 día de la coronación de Carlos Andrés Pérez, de los distintos países vinieron presidentes, además de reyes de varias monarquías petroleras y no petroleras, jeques, emires, príncipes, princesas, familias reales con todo su despliegue de lujo y derroche en un país que acababa de tocar fondo en una crisis que se prolongó por más de una década bautizada por economistas y analistas como la década perdida. Lo que nos hacia mención a una década en la cual todos los indicadores socioeconómicos retrocedieron a niveles de décadas pasadas. Etapa en la cual el país quedó con las reservas internacionales en su más mínima expresión, por lo tanto había en su más mínima expresión, por lo tanto había que negociar un préstamo con el Fondo Monetario Internacional en las condiciones que estos impusieran con todo su recetario, privatización de empresas públicas, congelación de salarios, liberación de precios, eliminación de subsidios, reducción del tamaño del Estado y planes para la privatización de los servicios públicos además del sistema de salud y el sistema educativo. Todo indicaba que se había diseñado un mecanismo para terminar de empobrecer a los más pobres y enriquecer al sector financiero nacional e internacional a través de la liberación de los intereses, es decir mis amigos, que el que tenía un crédito hipotecario al 12 % de interés anual éste podía pasar al 80% de interés y como por arte de magia su deuda se había cuadruplicado y usted pasaba a engrosar la lista de aquellas personas que perderían su vivienda y quedarían en la calle. Ya hemos hablado bastante de la reacción del pueblo ante las medidas de ajuste del gobierno y la reacción desproporcionada de éste trayendo a la palestra la vieja teoría de seguridad y defensa en la cual toda manifestación era vista como una conspiración internacional que debía ser reprimida inmediatamente, desde el poder se construyó la mitología de los agentes de Fidel Castro que fueron vistos en las avenidas de Caracas asustando al pueblo, éste salió a la calle pero fue masacrado por los militares por orden de Carlos Andrés Pérez. Se impuso la militarización de los barrios y el terrorismo de Estado, el terror quedo reflejado en el rostro de sus habitantes, toda persona extraña era vista como un habitantes, toda persona extraña era vista como un potencial agresor. Esto motivó a que se constituyeran grupos de autodefensa como los de que surgieron en la parroquia el Valle los cuales enfrentaron la represión a sangre y fuego dando muerte al capitán del ejército Acosta Carles, después de esos acontecimientos los barrios de Caracas se volvieron más inseguros.

Todo lo descrito anteriormente era un caldo de cultivo propicio para cualquier salida. La derecha se había afianzado en el poder, el plan de la derecha era el que se venía aplicando al pie de la letra, pero había un mar de fondo, el malestar en la FAN era una realidad, se hablaba de la rebelión de los COMACATE, ya se había creado el MBR 2OO y su juramentación en el Samán de Güere, el año 1983 acto cargado de una gran simbología Bolivariana por estarse cumpliendo los 200 años del natalicio del Libertador de América Simón Bolívar.

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