25 de febrero de 2024

Carabobo 200 (12)

Mario Javier Pacheco Morales

Mayo, mes de grandes movilizaciones de los ejércitos. Ambos bandos, bajo la dirección de sus jefes máximos, planifican el movimiento de sus piezas en el territorio. Uno y otro estudiaban y repasaban su estrategia; cada vez estaba más cerca el momento del encuentro definitivo.

A principios de mes, Bolívar manifestaba total confianza y convicción en sus fuerzas; sobre todo a partir del conocimiento que tenía acerca de las condiciones anímicas y morales del enemigo.

En carta dirigida a su amigo Guillermo White el 6 de mayo de 1821le expresa, en relación al ejército español: “Sus tropas, aunque no son débiles en número, no tienen la fuerza mo­ral que es la verdadera fuerza de un ejército, y sus pueblos, desen­gañados, los detestan y nos esperan con ansia, mientras que nues­tros soldados se creen invencibles, y nuestros pueblos, con la espe­ranza de completar de una vez el suceso, manifiestan ‘cada día más entusiasmo por la libertad”.

En plena convicción de sus posibilidades expresa: “Nuestras divi­siones se han reforzado y disciplinado, se han provisto de todo y se han colocado de manera que no le queda al enemigo otro par­tido que el de presentar, desde luego, una batalla, que podemos nosotros aceptar o despreciar según nos convenga”.

Bien claro tenía pues el Libertador, el panorama de la guerra; sin duda el armisticio le había servido para prepararse con tranquilidad y disponerse de la manera más ventajosa. Con esta actitud, seguramente trasmitida a las tropas, asumía una vez más, la dirección del ejército; esta vez, de manera decisiva, por un camino: el que conducía rumbo a Carabobo.

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