23 de abril de 2024

Esteban José Mieres Rosas

Ayer, miércoles, se conmemoró en el mundo la partida física del maestro Gabriel García Márquez. El hecho ocurrió el jueves 17 de abril de 2014, en su residencia ubicada en la localidad de San Ángel en el Distrito Federal de México. El afamado escritor y periodista, ganador del premio Nobel de Literatura en el año 1982,  tenía 87 años de haber nació en Aracataca en el Departamento de Magdalena en Colombia. Esa tarde las mariposas amarillas se alzaron al cielo para acompañarlo para siempre.

Hoy “Gabo”, como también se le conoce, tendría 92 años. Es uno de los principales escritores latinoamericanos que asumió el realismo mágico para inspirarse en sus  obras literarias, periodísticas y docente. Un cuentero desde niño, lo aprendió de su abuela materna. Su abuelo paterno le legó el amor por la gente, por su tierra, por su país, por su Patria Grande, quizás el socialismo que nunca abandonó. De su madre la fuerza para enfrentar las adversidades. De su padre lo aventurero y tenaz y con su esposa Mercedes Barcha Pardo conoció el amor bonito, el amor incondicional, la lealtad. A Mercedes le pidió matrimonio cuando ella tenía apenas trece años. La había conocido cuatro años atrás, él tenía catorce años cuando eso. Se casaron el 21 de marzo de 1958, en la Iglesia del Perpetuo Socorro de Barranquilla. Ella tenía 25 años. Estuvieron casados toda la vida. De esa unión nacieron Rodrigo y Gonzalo, sus dos hijos. A Mercedes se le agradece el sacrificio que mantuvo para que naciera Cien Años de Soledad. Ella sostuvo a la familia por más de 18 mese, para que él escribiera la maravillosa historia con la cual conquistó el mundo.  

Este es el ejemplar de Cien Año de Soledad con el cual me inicié en el maravilloso mundo de la Literatura y el Realismo Mágico

Yo comencé a conocerlo una mañana del año 1985. Tenía yo como 15 o 16 años. Recuerdo que entre a mi casa un poco aburrido. Creo que era domingo ese día. Estaba viviendo una de mis tantas crisis existenciales, quizás por mi paso por la adolescencia. Al pasar frente a la mesa de comedor me causó inquietud un libro forrado con un papel floreado. Tenía flores amarilla con rojo. Rojo con amarillo y rosado. Rojas y amarillo. Rosadas y rojas, con hojas verdes y en un fondo blanco. Fui a la cocina a ver si encontraba algo para masticar y no encontré nada. Regrese a la sala y la curiosidad me hizo tomar el libro y desde ese momento jamás me he separado de él. No se cual es su caratula. Lo que si se y estoy seguro que es un ejemplar de la cuadragésima segunda edición de la Novela Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez, que editará la Editorial Sudamericana en Buenos Aires Argentina. Esta edición fue publicada en noviembre de 1974. La primera se editó en mayo de 1967.

El libro era de mi hermana Irades, se lo había prestado a mi hermana Gertrudis que estudiaba para profesora de Lengua y Literatura en el Pedagógico Libertador en Maturín. ¿Cómo llegó a esa mesa?, no se. Haciendo un poco de memoria y especulando un poco, ya a mis cuarenta y nueve años, pienso que lo dejó Paulina Rosa. A ella siempre le ha gustado leer. Para ese tiempo ella no era muy experta en la lectura, aunque desde que tengo memoria siempre ha habido libros y revistas de todo tipo en su habitación. ¡Ah! y bastantes folletos de Avon,  así como de otras empresas de productos que ella vendió por más de cuarenta años. Mi madre no pudo estudiar muy bien cuando niña. Sacó el sexto grado cuando yo terminaba mi bachillerato. Ella trabajaba en el Ambulatorio Juan Otaola Rugiani. Su maestro fue el hermano Luis Luca Guevara.

La verdad es que comencé hojeando el libro sin mucho interés de leerlo. Este me fue interesando, sobre todo el enredo con los Buendía, Melquiades y todos sus personajes. Sentía que me sumergía en ese maravilloso pueblo, que estaba seguro que eres imaginario, pero que se relacionaba con Churupal. Macondo me llevaba a mi niñez. A las visitas de mis abuelos paternos Gertrudis Lugo y Félix Mieres. ¡Ah! y qué decir de mi abuelo materno Alejo Rivas, que tenía un rancho de bahareque y palma en El Morro de Puerto Santo. Mi papá, Esteban Jorge Mieres Lugo, me parecía a Aureliano Buendia. La historia de los Buendía me parecía y me sigue pareciendo la historia de los Mieres Rosas, espero un día contarsela.

Con Cien Años de Soledad inicié mi apasionante viaje por la literatura. Coincidencialmente en ese tiempo comencé mi otra pasión, el periodismo. Mi hermana Gertrudis fue trayendo las novelas que ya no le servía y yo leyéndolas. Así leí La Casa Verde de Vargas Llosas, luego me enteré que él y El Ganó fueron grandes amigos, hasta que se pelearon en México. La Increíble y Triste Historia de la  Cándida Eréndira y su Desalmada Abuela. Esta no me gustó mucho. La que sí me gustó y me sigue gustado, al punto que la leído unas seis, veces fue Amores en los Tiempos del Cólera. Siempre quise tener un amor como ese. Este me recuerda mi romance con Emilsy, mi primera novia. Fue mucho antes de encontrarme con Cien Años de Soledad y la literatura. Eso fue en Güiria. Tenía yo 13 años. De Gabriel García Márquez he leído, hasta ahora, además de las nombradas, Crónicas de una Muerte Anunciada (3 veces), El Coronel no tiene quien le escriba, El General en su laberinto, Doces cuentos Peregrinos, Relato de un náufrago, Memorias de mis tristes putas, Noticias de un secuestros, verlos artículos periodísticos y de opinión, La Bendita manía de contar, Yo no vengo a dar un discurso, vivir para contarla y su biografía escrita por Gerald Martín publicada en el 2008.

Nunca me imaginé que dos de mis pasiones se iban a relacionarse y que sería Gabriel García Márquez quien se encargaría de darle el contexto que buscaba. Al principio quince escribir novelas de ficción. Inicie la Servatana en Niebla, que terminé pero se perdió con la primera con la primera computadora que use. Fue una decepción. Luego arranque con El Suicidio. Está en homenaje a mi gran amigo Carmelo Dona, quien decidió quitarse la vida con un disparo en la sien frente a su padre. Los errores ortográficos, la falta de redacción me condujeron a pararla e iniciar un proceso de aprendizaje por mi cuenta, el cual no he culminado y que  he complementado con el estudio formal de periodismo. Luego escribir mi autobiografía, como una tarea obligada en mis estudios para licenciado en Educación, mención Desarrollo Cultural, en la Misión Cultura y de haber conocido las vidas de Juliana Sucre, Nacho Centeno y otras tantas personas interesante y al oír al propio Gabo que sus historias eran tomadas de la vida real, he tomado la determinación de escribir historias sobre seres de carne y hueso que puedan servirle a otros como ejemplo de buen vivir.

A Gabriel García Márquez le estaré siempre agradecido el haberse inmiscuido en mi vida con sus mariposas amarillas, su particular forma de contar las historias y de haberme ayudado a conocer el periodismo de otra manera. De la manera que que este le sirva a los demás y de no ser una mercancía que se comercia. Le estaré agradecido que con su dinero, ganado con el Premio Nobel de Literatura y esfuerzo haya creado la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, de la cual no conozco sus instalaciones en Cartagena de Indias, pero sí me ha ayudado a conocer más sobre él y el periodismo.

calletacarigua.com

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